10/8/15

Parque zoológico - #DosCeros

«¡Qué poco vale uno ya! Hasta las ratas se suben a ensuciar la azotea de los pensamientos. Esto es lo que hay de nuevo en mi vida: ratas. Ya tengo ratas, piojos, chinches, sarna. Este rincón que tengo para vivir será muy pronto un parque zoológico, o mejor dicho, una casa de fieras…».
MIGUEL HERNÁNDEZ (1910-1942)


Ratas, polvo, yo. Eso era todo lo que había en la habitación. O al menos era todo lo que se podía ver o palpar. También había algo más importante: miedo, angustia. Mi angustia. Estaba solo. Solo, o sólo acompañado por las ratas, que ya, por lo menos, habían dejado de darme asco. Alargué la mano, con la poca fuerza que me quedaba —la poca que me habían dejado— y toqué la pared. Raspaba. Era dura, casi agrietada, pero no lo suficiente para dejar que el aire entrara. Me asfixiaba.

Con la misma mano me toqué el vientre. Tuve que hundir la mano más que de costumbre. Mi vientre ya no salía hacia fuera, más bien se escondía. Estaba hundido, demacrado. Me apreté la piel del torso y me encontré con una textura blanda, débil, inútil. No era yo. Me había equivocado al decir que yo formaba parte de las cosas que había en la habitación. Yo ya no estaba. Me había ido. Era otra persona la que me estaba sustituyendo: desde que entré en la habitación, ya no tenía ni la misma alma ni el mismo cuerpo.

Supuraba sangre por muchas heridas. Por tres. Tenía una en la cabeza, de la vez que me choqué con el canto de la puerta, de la vez que intenté colarme por la rendija. Tenía otra, muy alargada, en los nudillos de la mano derecha, de la vez que había pegado un puñetazo en la pared para ver si podía salir. Y tenía otra mucho más grande y profunda en el tobillo, de las veces que había intentado soltarme del gancho que llevaba atado.

Oí un ruido que, paradójicamente, ya me resultaba familiar. Ya no corría hacia él, ya no lloraba cada vez que lo escuchaba venir. Ahora me achantaba, ahora no tenía lágrimas para soltar. Ahora me echaba hacia atrás, en una esquina, cobijado por los huesos que se marcaban en mis piernas. Para que no me viera. Ni él ni nadie. Total. Nadie podía verme, salvo él, así que era tontería esconderme. El ruido se aproximaba, se oyó un golpe duro contra la puerta, y esta cedió, abriéndolo sólo por una rendija.

Esta vez ni siquiera me habló. Lanzó una bolsa de plástico desde fuera, que cayó muy cerca de mi esquina. Él ya sabía que estaba ahí. Ni siquiera tenía ganas de comer. Veinticuatro horas habían pasado desde la última vez que probé bocado, y ni siquiera tenía ganas de comer. Me daba vergüenza a mí mismo. Por no hacer nada.

Ratas. Eso es lo que había de nuevo en mi vida. A veces incluso se acercaban a contarme historias, a compartir plato conmigo. Formaban su parque zoológico. Estaban a gusto, y yo a ratos también. Este rincón que tengo para vivir ya era mi casa de fieras.

Le grité a la nada:

—¡Sácame de aquí, hijo de puta!


 (Palabras: 478)




¡Buenas!

De nuevo traigo una cosita para Reivindicando Blogger. Esta vez ha sido un drabble (que básicamente es la palabra modernita para decir lo que siempre se ha conocido como microrrelato, aunque en concreto los drabbles tienen que tener de 100 a 499 palabras), basado una cita célebre a elección. Yo he cogido de nuevo (¡no me peguéis!) a Miguel Hernández. Aquí tenéis la lista de blogs de los demás participantes en #DosCeros, que a lo largo del día de hoy irán subiendo sus propios drabbles.

¡Espero que os haya gustado y hasta la próxima!

12 comentarios:

  1. Dios, Paco, te quiero. Me ha encogido el corazón. Ha sido maravilloso leer esto. Gracias, de verdad, gracias por haberlo escrito.
    Eres sencillamente sublime y sé que llegarás muy lejos, mi querido Pacs. Llegarás tan lejos como quieras y ojalá esté esta Lechuza por ahí rondando para poder verlo.
    Precioso, desgarradoramente precioso. Es que... me dejas sin palabras y solo puedo soltar cosas aleatorias. Además, es tan Miguel Hernández que te deja ya no solo sin palabras, sino sin aliento.
    En fin, mi más sincera enhorabuena, Pacs. Eres grande.
    Un beso,
    C.

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  2. Es sencillamente perfecto. Me has dejado con el corazón en un puño y una gran mueca de ofuscación. ¿Por qué siempre te llevas un trocito de mi alma y me la devuelves renovada, cargada con tu luz y tus chispazos? Oh, Paco, mi pequeña chispa, mi barco a la deriva... Tantos años y nunca dejas de hacerme sentir encandilada, de enamorarme con tus medias tintas y tus penumbras grises y amarillas... Ay, si tan sólo el mundo pudiese comprender lo bueno que eres y lo cruel que escribes... Maravilloso.

    Un frío beso,

    Emily

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  3. Me has robado la vida con esto. Qué angustia sentía al leerlo. Qué manera tienes de coger la realidad y plasmarla en palabras. Ole tú.

    Un abrazo,

    Epo Zena.

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  4. Esta cita me tentaba, pero no estaba segura de qué escribir con ella. Debo decir que has hecho un excelente trabajo, escalofríos me has dado. Pude imaginar a ese pobre condenado en su encierro junto a las ratas.
    Me quedo a seguirte.
    ¡Saludos!

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  5. Parece una entrada más en el diario de alguien. Es como si hubieras abierto una ventana a la mente del protagonista para que los que lean esto echen un vistazo, para que sientan su angustia y asco y traten de averiguar por qué está en la habitación con las ratas, por qué le han encerrado. Luego has cerrado en la ventana para dejarnos con nuestros pensamientos.
    Me ha gustado, sí señor.
    ¡Un abrazo!

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  6. Querido, leerte es todo un placer. Enhorabuena. Si te soy sincera, si las descripciones hubiesen sido un poco más crudas, hubiese jurado que Camus se había reencarnado en ti :)

    Un saludo, Vic desde smoking-crayons.blogspot.com.es

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  7. Me resulta increible como has transmitido esas pocas ganas de vivir con las que el personaje se ha quedado, sin fuerza tan siquiera para tener hambre. Desolador y emotivo. Aunque me he quedado con las ganas del porque, ¿porque esta ahi? ¿Que ha hecho para acabar ahi?

    Un saludo.

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  8. Simplemente excelente. Con tan pocos elementos armaste una historia entera y le diste un trasfondo así de profundo. Me encanta, sobre todo el final.

    Saludos!

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  9. Misterioso e inquietante y con unas palabras muy bien utilizadas. Me ha parecido original y dices mucho en un texto tan corto. Por el momento me sucede como siempre leyendolos, siento que tenéis un nivel alto y parece que escribís con los ojos cerrados de las maravillas que salen de vuestras plumas (teclados pero plumas mola más).
    Un fuerte abrazo de papel,
    María

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  10. ¡Muy original! Y escalofriante... Es increíble, consigues que llegue a hundirme en la historia. ¡Sentía hasta lo que sentía el protagonista! Y también llegaba a sentirme mal por ser una comilona sin escrúpulos...
    Gran trabajo.

    ¡Besos!

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  11. Cada día estoy más convencida de tu talento, en serio. Con un texto pequeñito consigues estremecer al lector, y es muy importante que un texto tenga alma. Lo de tener alma me parece vital en la escritura. El párrafo en el que se dice cómo se ha hecho cada una de las heridas es un puñetazo en el estómago, ay. Y mi favorito, por cierto. Muy buen trabajo, colega.
    ¡Un abrazo!

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  12. Paco, creo que te odio, desde el cariño, pero te odio. Se me ha encogido todo por dentro oye. No sé si has leído "La metamorfosis" de Kafka, pero el estilo del relato me ha recordado al estilo del libro de Kafka.

    Tienes un talento increíble. De verdad.

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relampaguea