22/4/15

El rayo todavía no ha cesado (homenaje a Miguel Hernández)

«Me llamo barro aunque Miguel me llame.
Barro es mi profesión y mi destino,
que mancha con su lengua cuanto lame».

      El rayo que no cesa, poema XV. Miguel Hernández.


Barro somos todos:
en barro se queda todo lo que hacemos,
no hay más que barro en nuestras almas
y en nuestras mentes
y en nuestros llantos
y en nuestras tumbas.

En el fondo todos gozamos
de nuestra propia muerte diaria:
somos carne de cañón
tenemos un rayo dentro
que nunca cesa;
ese rayo que
proviene de nosotros mismos
que no se cansa ni se agota
y que tú, Miguel,
has conseguido echar hacia otro lado
evitarlo
ponerte frente a él para que te
electrocute y arda tu corazón,
tu febril granada,
tu inconsolable aliento de luchador
que tú,
hombre más apenado que ninguno,
has ganado el privilegio
de dormir hoy tranquilo
en el silencio del rayo
—que ya ha cesado—
y que por fin haya pena más grande que la tuya.

Todos tememos el barro
que nos consume;
todos somos pasto de la lluvia
de las sombras que se posen
siquiera a nuestros pies.

Es verte, Miguel,
contemplando cómo el amor
te arrasa pero te deja donde estás:
tú eres más fuerte, más sólido
tú eres el barro que se convierte en
amapolas.
Tú eres el que habla de temores
sin temer nada
el que se remanga
para enseñar las heridas:
la del amor,
la de la muerte
y la de la vida;
y eres el único capaz de lucir
sin un temblor de labios
los dolores que favorecen
tu perfil.
Eres el que peor mal ha sufrido:
el mal de las ausencias;
tú eres el que se va de los vivos
el que hace caliente el frío.

Ay, Miguel. Enséñanos.
Enséñanos.

Enséñanos a ser capaces de echarnos
a llorar en mitad de un poema
a expresar una ausencia
un miedo
una angustia
(el barro)
que derrama la verdad.

Enséñanos cómo se cesa el rayo,
que se nos ha olvidado.
Enséñanos a rezar y odiar a la vez,
que tiempo estamos tardando.

Enséñanos que tres heridas es razón para vivir.
Y para morir. 

Enséñanos la música del poema
el carnívoro cuchillo
el huracán, tu amor o el infierno.
Nuestros corazones, naranjas heladas:
pártanos un rayo en dos 
sólo por ver si salimos ardiendo. 




Miguel Hernández Gilabert, nacido en Orihuela (Alicante) en 1910 y fallecido víctima del régimen franquista en 1942, también en Alicante. Se considera ambiguamente entre la generación del 27 y la del 36, pero es más conocido como «el epígono del 27». Algunas de sus obras más conocidas son Perito en lunas (1933) o El rayo que no cesa (1936). 

Probablemente este sea el homenaje menos homenaje que le hayan hecho, pero es difícil honrar un poeta que dice tanto en una frase, y más si soy yo el que intenta hacerlo. Lo he hecho lo mejor que he podido, siempre con la pequeñez que resulta estar aquí, leyéndole y aprendiendo de él. No he pretendido imitar su estilo —eso sería pretencioso y, sobre todo, imposible—; sino decirle en unos pocos versos mal hechos lo mucho que se siente cuando se lee su poesía, lo hondo que llega, la razón que tiene. 

«Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. No tenía Miguel la luz cenital del Sur como los poetas rectilíneos de Andalucía sino una luz de tierra, de mañana pedregosa, luz espesa de panal despertando. Con esta materia dura como el oro, viva como la sangre, trazó su poesía duradera». Pablo Neruda a Miguel Hernández

Esto es parte del proyecto Pequeños Grandes Literatos organizado por Reivindicando Blogger. Si queréis leer los demás relatos, no dudéis en pinchar aquí. Ya mismo se creará otro proyecto y el blog está abierto para todo el que quiera apuntarse. ¡Espero que os haya gustado!

8 comentarios:

  1. Sin palabras...
    ¡Me ha sorprendido muy gratamente!

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  2. Es precioso, me encantó sobre todo esta frase "Enséñanos que tres heridas es razón para vivir.
    Y para morir." Y también la frase final, y bueno todo en sí me gustó mucho :)

    ¡Un besin!

    Angie

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  3. Me acabas de dejar... es impresionante. Es muy bueno y me ha encantado. Es que no sé qué decir. Sin palabras. Ha sido increíble.

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  4. Querido Étincelle,
    qué maravilla de homenaje. Tú dirás que han sido versos mal hechos, pero a mí me han maravillado. Seguro que si el propio Miguel pudiera leerlo, estaría orgulloso de haber causado tales sentimientos en tu persona.
    Gracias por tu homenaje, de verdad, una pasada.
    Un beso enorme.
    - Ara.

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  5. Me he sentido maravillada con este homenaje. Es de los que te abren la boca de la sorpresa y te dejan con la cara pegada a la pantalla. Es, sencillamente, maravilloso, magnífico. Me quedo sin alabanzas, en serio. Le has puesto muchísima alma, amor, y encanto, y has hecho que se me ponga la piel de gallina.
    Genial, sin duda alguna.
    ¡Un besín!

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  6. Es perfecto, y la perfección es indescriptible. No sé si me he explicado lo suficientemente bien, pero por si las moscas, diré que me has hecho vibrar desde la epidermis hasta el alma platónica que ejerce de auriga del carro de dos caballos. Enhorabuena, mi Chispa. Siempre me iluminas.

    Un frío beso,

    Emily

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  7. Ehehehe llego taaarde pero llego que es lo importante. Qué pasada, de verdad. Por favor nunca dejes de escribir cosas tan maravillosas.

    Epo.

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