26/12/14

Nadie entiende nada - #NaviBlogger

¡Buenas y feliz navidad a todos mis lectores!

No sé si os acordáis del proyecto Reivindicando Blogger que os mencioné en una entrada hace como un mes. Bueno, pues este el segundo relato que hemos escrito los participantes. Esta vez el tema es la navidad (de ahí lo de NaviBlogger). ¡Aquí os dejo mi relato!




Un silencio profundo y un cúmulo de sombras se habían apoderado del lugar. Todo el mundo miraba hacia sus platos y descansaba las manos en el regazo. Había quien rezaba y quien tosía, pero nadie prestaba atención. La nebulosa cubría todo con un manto gris y poco importaban las velas o las bombillas, aquí ya no se podía ver nada. Había dos sillas vacías en la mesa, a las que ya nadie les había servido plato ni cubierto. Ya no estaban. Y ya. Cada uno tenía sus propias ausencias como para apreciar las de los otros.

Cuando acabó el silencio, todo el mundo sabía que en realidad había un silencio mucho más largo y que duraría toda la cena —y, quizá, mucho más tiempo—; pero había que seguir adelante. Sonreír ante los demás.

La gente comía, hablaba, cantaba, reía. A veces las conversaciones llegaba a una calle sin salida y nadie era capaz de retroceder:

—Yo recuerdo el año pasado cuando… —Y un silencio.

(Una calle sin salida).

Todos recordaban el año pasado, qué tontería. Pero nadie quería mencionarlo. Nadie quería poner un pie en el hielo, vaya a ser que se resbalaran. O que el hielo se rompiera. Qué más da; nadie se atrevía a decir nada que le pusiera en un compromiso, porque tenían miedo de tener razón.

—Ellos se lo han buscado, ellos se lo han buscado… —susurraba yo una y otra vez, procurando que nadie se enterase. Mi madre, a mi lado, me echó una mirada turbia y luego asintió, como dándome la razón. Echó la cabeza abajo y me apretó la mano hasta que me callé.


El vino iba de un lado para otro en la mesa y cada vez había más botellas vacías en el rincón. La cena se hacía más jovial y estaban empezando a surgir unas nubes oscuras y densas de verdad y realidad. Y nadie quería que salieran, pero quién es capaz de evitar que llueva. El suelo del alcohol abría las bocas y en la sala se elevaba la alegría.

—Yo recuerdo el año pasado cuando…, sí, el hijo de puta de Marcelo, que la lió bien. Estamos así de mal por ese cabrón, que no tuvo nada mejor que hacer que cargarse a su hermano en la cena de Nochebuena. —Ay, ay, no, no quiero oír esto. Las calles sin salida se están abriendo, asfixiadas, buscando un camino, por donde sea, por el que poder salir. Y yo no quiero salir. ¿Qué le pasa a la gente? ¿Qué necesidad de estropear siempre la Navidad?

—¡Silencio! —grité, y arrastré mi cuerpecito con toda la rapidez que pude escaleras arriba, me tiré en el suelo y me eché a llorar. Pulsé el interruptor del abeto de Navidad, que estaba decorado con muchas bolas y flores brillantes. A mí en el fondo esto me importaba. Quizá todo el mundo quería que me dejara de importar, pero no. Nadie entiende nada. Nadie entiende nada.  

12 comentarios:

  1. ¿Pero se puede saber qué manía tienes de hacerme empatizar con tus relatos? Mi pequeño Étincelle, no sé todavía cómo lo haces, pero me siento tan en afinidad con lo que escribes, que no puedo evitar quejarme en la caja de comentarios. Ha sido precioso, magnífico, me han encantado las nubes y las lluvias metafóricas, y la figura de esa madre solemne que pone el límite entre la figura protagonista y el actuar del resto. Impresionante. Oh, y esa escena final, del protagonista sollozando junto al árbol de Navidad... no podría ser más dramático. Ah, me ha encantado esta frase: "[...] estaban empezando a surgir unas nubes oscuras y densas de verdad y realidad. Y nadie quería que salieran, pero quién es capaz de evitar que llueva.". Sencillamente perfecto.

    Un frío beso,

    Emily

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  2. Tengo la piel de gallina con el relato. La verdad es que me ha encantado, entre la forma que tienes de narrar y la historia, he acabado con la piel de gallina. Sin duda alguna me ha parecido fabuloso.
    ¡Un besín!

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  3. Acabo de llegar y me siento totalmente satisfecha con este relato. La navidad puede llegar a ser una época feliz, pero existen nubes de tormenta en todas las familias, y aunque no queramos pueden dañarnos.
    Espero poder seguir leyendo mas textos como este, un beso
    Lena

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  4. Intenso. Sólo voy a decir eso. Muy impresionado, espero pasarme más.

    Un loco saludo.

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  5. Yo es que después de leer esto, y los otros relatos que he leído, no me quedan palabras sin parecer que soy un disco rayado. Es precioso, precioso. Tienes una forma de escribir que te llena por dentro Étincelle.

    Un besito,
    Vanclaise.

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  6. Sólo te diré que no sé si abrazar al niño que mira las luces del abeto o gritar a la gente de la mesa. Dices muchísimo en un relato tan corto y eso tiene su dificultad y su mérito.
    Por otra parte, la frase "El suelo del alcohol abría las bocas" me ha encantado, no me preguntes por qué.
    En fin, que aplausos para ti.
    ¡Un saludo!

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  7. Se me ha paralizado durante un momento el corazón. Joder, es perfecto. Y como decía Em, tiene un punto que lo acerca al teatro y de verdad, me encanta.
    Eres absolutamente genial, Paco. Y sé que dentro de ti hay más potencial que en una mina de diamantes. No lo olvides.
    Un beso~

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  8. Impactante. Me encanta la forma que tienes de usar las metáforas y la narración en sí.
    Un beso.

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  9. Impactante relato! no lo típico navideño, eso fue lo que más me atrapó. Acabo de descubrir tu blog y ya me engatusó.
    ¡Nos leemos!
    ¡Besotes!

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  10. Su-bli-me. De lo mejor que he leído.
    Gracias por esto.
    No dejes de escribir jamás.
    Un beso grande,
    Ara.

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  11. En ocasiones me recuerda a mi familia. Bien por haber conseguido identificarme, bien por haber dejado el "verdadero conflicto" para los últimos párrafos.
    Sigue escribiendo, ¡un saludo!

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  12. No se que decir. No es porque me haya quedado sin palabras pero ha sido corto pero arrollador. Tiene mucho mérito darnos algo tan lleno de nubes de tormenta como dices en el relato en tan pocos párrafos. Me ha encantado y espero poder seguir leyendo textos tuyos.
    Un fuerte abrazo,
    María

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