2/11/14

La chica de los besos fríos

He mirado atrás y apenas he visto nada. He mirado a mis pies y no he visto un suelo donde me esté apoyando, ni siquiera hay un muro a mi alrededor para que pueda saber por dónde camino. He mirado al cielo y estaba tan negro que no me explico de dónde viene tanta luz. 

He buscado a fondo en el desastre que es mi habitación hasta que he metido la mano en el armario cubierto de polvo. He palpado un libro con relieves en la portada que no tenía ni una palabra legible. Al cogerlo, he arrastrado con él a una decena de libros más, a cada cuál más oscuro o más desgastado. He intentado soplar hasta desempolvarlo para saber qué es lo que he escondido, porque ahora mismo no lo recuerdo. Todos los libros estaban unidos por colgantes dorados que tenían unos nudos irrompibles. (Y eso que nunca he sabido hacer nudos). Al final no he entendido ni una palabra de lo que antaño escribí, pero creo que no es porque no es legible, sino porque tengo otros ojos donde antes estaban los míos. 

He intentado buscar un porqué pero todavía no lo he encontrado. Tengo pequeñas respuestas y todas las preguntas desparramadas por la mesa esperando a que alguien con manos expertas las una. Incluso he dejado un vaso de té —que todavía mantengo caliente— encima de la mesa y una silla por si alguien quiere sentarse a ordenar. 

Me ha costado mi tiempo saber qué son todos esos hilos que lo unen todo en el eje cronológico de mi vida. 

He encendido la luz y había alguien sentado en la mesa de las preguntas. 

He mirado con detenimiento y hay alguien cosiendo los libros entre ellos. 

Y hay unas manos que me cogen de los hombros. 

La he mirado a los ojos y me han respondido con una mirada dulce y una rosa pálida en la mano. Me ha lanzado un beso gélido que me ha calado hasta lo más profundo con un calor penetrante. 

Le he tendido la mano y me la ha cogido. Y de esa chica puedo decir que lo único que tiene de frío son sus besos. 


De un chico-barco inconstante que no quería que su chica-flor preferida se quedara
sin regalo de cumpleaños,
a una rosa que es sin duda un ramo entero.

Muchísimas felicidades, Em.

1 comentario:

  1. Esta chica-flor ha sentido un viejo calor invadiendo su corazón reconstruido. No sabes cuán feliz me has hecho con esta pequeña muestra de tu amor, y no sé cómo podré agradecértelo. Me limitaré a seguir viajando a la deriva contigo, tratando de darte tanto como tú me has dado. Gracias por todo, Étincelle. Estos veinte años auguran veinte más igual de felices cerca de gente como tú.

    Un beso, esta vez, cálido.

    Emily

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